JOSEPH
Damien
saluda a Joseph, un poco confundido de encontrarlo allí.
DAMIEN:
¿Joseph? ¿Qué haces aquí?
JOSEPH:
Es una larga historia. Ahora tenemos que encontrar al resto porque están en
peligro de muerte.
DAMIEN:
Siempre lo estamos.
Damien
extiende su mano hacia Bruno para saludar.
DAMIEN:
Hola, Damien... El rol que tú quieras.
Joseph
pone los ojos en blanco y se gira hacia el campamento.
BRUNO:
Soy Bruno.
DAMIEN:
¿Bruno? ¿El Bruno de Nathan?
Joseph
se gira nuevamente. ¿Quién es Nathan y por qué Bruno es de él?
BRUNO:
¿Cómo conoces a Nathan?
DAMIEN:
Oh, lo normal. Intentó matarme. Y cuando hicimos buenas migas, me habló de ti.
BRUNO:
¿Esto pasó recientemente?
DAMIEN:
Anoche.
BRUNO:
Es imposible. Encerramos a Nathan.
DAMIEN:
Pues no hicieron un buen trabajo porque continúa con su cacería de hombres que
quiere convertir en fantasmas para copular el resto de la eternidad. Ahora que
te conozco, entiendo por qué quiso hacerlo contigo.
JOSEPH:
Damien, ¿puedes parar?
Damien
queda boquiabierto por la indicación de Joseph.
Luego,
los mira a ambos y sonríe, entendiendo qué sucedía.
DAMIEN:
Oh, ya veo. Lo siento.
JOSEPH:
No es nada de lo que crees. Pero tenemos que encontrar a los chicos. El hijo de
Edgar quiere el Compendio. Y está aquí.
DAMIEN:
Siempre que se lo nombra a Edgar me agarra una enorme migraña.
BRUNO:
¿Edgar Villas? Era nuestro instructor.
DAMIEN:
Lo sabemos. Por eso a nadie le sorprende que este proyecto haya sido una
masacre y luego condenado al olvido y abandono.
JOSEPH:
¿Qué sabes sobre esto?
DAMIEN:
Por lo que entendí, están bajo un conjuro. Deberíamos caminar hacia el
campamento y éste tendría que transportarnos hacia tres años atrás.
Damien
comienza a caminar, guiando a los tres.
Fue
automático. Al dar dos pasos en dirección al predio, de repente todo el lugar
comenzó a cobrar vida.
A
juzgar por el ambiente que hay en el aire, parece que se está por celebrar una
fiesta.
JOSEPH:
Diablos.
BRUNO:
Diablos.
Joseph
se gira hacia Bruno.
Está
conmocionado.
Mira
hacia un muchacho que está entreteniendo a unos niños.
JOSEPH:
¿Él es...?
BRUNO:
Es Joshua.
El
hombre derrama un par de lágrimas.
Joseph
siente deseos de abrazarlo. Está por hacerlo cuando Damien llama su atención.
DAMIEN:
Joseph. Allá está Ignacio. Supongo que es el hijo de Edgar del que hablabas.
Bruno
tendrá que lidiar con su encuentro solo.
En
ese momento, tiene a alguien a quien mandar a la otra vida.
IRUPE
Irupé
está en compañía de Ignacio, en las afueras de la cabaña donde sus amigos
pasaron la noche.
Afuera
hay mucho movimiento.
La
gente está preparándose para celebrar alguna clase de evento, ajenas a los
peligros que se acercan esa noche.
IRUPE:
Hablando del beso, creo que deberíamos dejarlo. Yo podría ser tu madre.
Ignacio,
que estaba perdido en sus pensamientos, vuelve en sí.
IGNACIO:
No se trata de eso los besos. Pero no tienes edad para ser mi madre.
IRUPE:
No me refiero a tu madre de haberte parido. Sino que podría ser tu madre de
corazón. Verás, Ignacio, tu padre y yo... ¿Qué hace Joseph apuntándonos con un
arma?
Se
interrumpe al ver que Joseph viene con el arma en alto, en dirección a ellos.
Damien
viene por detrás, un poco asustado.
IRUPE:
¡Chicos! ¡Alerta roja! ¡Salgan ahora!
Virginia
y Celina salen de su habitación. Al tiempo que Germán y Fabián de la cabaña
aledaña.
FABIAN:
Uno pensaría que estar en medio de un grupo de gente desquiciada nos daría un
sinfín de situaciones hilarantes, pero la verdad es que la mayoría de las veces
es sólo deprimente.
Ignacio
mira a Joseph, sin ninguna clase de temor.
JOSEPH:
Te voy a devolver a la celda de la que nunca tendrías que haber salido.
IGNACIO:
Joseph, baja esa arma. Estás arruinando la fiesta.
JOSEPH:
Ya no estoy bajo tu influencia.
IGNACIO:
Es cierto. Tú no. Irupé, si Joseph se me acerca, quiero que mates a todos tus
amigos. ¿Entendido?
IRUPE:
Claro.
Todos
miran a Irupé.
CELINA:
¡Irupé!
FABIAN:
Realmente debe ser bueno besando.
IRUPE:
Una parte mía quiere creer que debo matarlos por el hechizo de Ignacio, pero no
estoy tan segura.
Joseph
se muerde el labio, furioso.
Damien,
a su lado, intenta acercarse.
DAMIEN:
Joseph... Baja el arma.
Joseph
maldice para sus adentros pero finalmente obedece.
JOSEPH:
Ignacio está buscando el Compendio también.
VIRGINIA:
Lo sabemos. Como así también sabemos todo lo que hiciste para evitar
traicionarnos. Este grupo te está agradecido.
Irupé
mira a Celina, quien se encoge en hombros.
CELINA:
Realmente no tengo idea de por qué está hablando así. Cada minuto que pasa se
vuelve más loca.
IGNACIO:
(a Joseph) ¿Lo ves? Tus amigos ya saben que buscamos lo mismo, así que no hay
necesidad de alterarse.
Joseph
mira al resto del grupo.
JOSEPH:
¿Saben que puede traicionarlos y lo dejan formar parte de este grupo?
VIRGINIA:
Joseph... Vamos a tranquilizarnos. Ignacio no está formando parte de nada.
Busca el Compendio para dárselo a Pablo. El cual, de todos modos, no está aquí.
Volvimos al pasado para averiguar qué sucedió con el condenado libro. Ahora,
relájate un poco. La fiesta está por empezar.
JOSEPH:
No estoy de humor para fiestas.
VIRGINIA:
Ninguno lo estamos.
IRUPE:
Menos las del tipo "van a morir todos".
Virginia
se vuelve hacia Fabián y Germán, como si lo de Joseph ya quedó resuelto.
VIRGINIA:
Necesito que continúen infiltrándose en el grupo del campamento. Y cualquier
acto sospechoso que realice mi hermana, me informen. Es a ella a quien no
debemos perder de vista.
Los
muchachos asienten y se ponen en marcha.
JOSEPH
Joseph
encuentra a Bruno detrás de un árbol.
Sigue
mirando la escena del campamento con suma nostalgia.
JOSEPH:
¿Te encuentras bien?
BRUNO:
Estaré bien. No esperaba verlo. Eso es todo.
Joseph
ve a la versión de Bruno tres años más joven interactuar con el que fue su novio
en el campamento.
JOSEPH:
Estabas con menos músculos allí.
BRUNO:
Entrenar a lo loco fue algo que me inculcó Joshua. Siempre estaba entrenando. A
diario. Es increíble. Estuvimos menos de dos semanas juntos pero me ha marcado
para siempre.
JOSEPH:
Quizá lo que te marcó es la forma abrupta en la que se fue.
Bruno
asiente.
BRUNO:
Tienes razón.
JOSEPH:
¿Por qué no le hablas? Tal vez puedas cerrar la etapa.
BRUNO:
Haré algo mejor que eso.
JOSEPH:
¿Qué cosa?
BRUNO:
Intentaré salvarle la vida.
FABRICIO
Desesperanza.
Es
lo único que puede sentir Fabricio durante el resto del día.
Ni
siquiera puede hablar con Jaime, quien está igual o más traumatizado que él.
Un
bicho está creciendo en su interior.
Están
atrapados, prisioneros y sus amigos probablemente estén muertos. Realmente no
encuentra otra explicación a por qué nadie los fue a rescatar. O quizá lo
hagan, cuando ya sea muy tarde.
Un
dolor espantoso lo obliga a tirarse al piso.
Algo
en su estómago le golpea desde adentro.
Algo
está creciendo dentro de él.
Algo
que no es humano.
MOMENTO MUSICAL
Fabricio,
en medio de su desesperación por escapar de su cautiverio, imagina a sus amigos
cantando en aquella granja donde está prisionero.
CELINA:
Qué bonito sería decirle
que es sólo un cuento.
Que las cosas que pasan ahí fuera
ocurren muy lejos.
VIRGINIA:
Qué bonito sería engañarle
matándole a besos.
Pero ahora mis brazos
son sólo otros brazos con miedo.
GERMAN:
Qué bonito sería decirle
que es sólo un juego
y evitarle la falta de luz
que provoca el invierno.
DAMIEN:
Ayudarle a subir a la luna
aunque sé que no debo.
Aquí abajo te espero sentado
por si va mal tu vuelo.
IRUPE:
Me inventaré
que hasta los malos son buenos.
Que habrá verano en enero
y la última lluvia
es esta que moja tu piel.
CELINA:
Me inventaré
para salvarte del miedo,
estrellas para tu cielo
y no pinten de negro
tu sueño al oscurecer.
Me inventaré.
Me inventaré.
VIRGINIA:
Qué bonito sería contarle
que aquí no hay misterio.
Que la vida va en broma
y que no hay que tomársela en serio.
IRUPE:
Qué bonito que fuera real
aunque sólo sea un verso.
Y que no hiciera falsa inventarse
este estúpido cuento.
DAMIEN:
Me inventaré
que hasta los malos son buenos.
Que habrá verano en enero
y la última lluvia
es esta que moja tu piel.
GERMAN:
Me inventaré
para salvarte del miedo,
estrellas para tu cielo
y no pinten de negro
tu sueño al oscurecer.
Me inventaré.
Me inventaré.
DAMIEN
Damien,
ya sin Joseph a la vista, se acerca a Ignacio e Irupé.
DAMIEN:
Así que, Ignacio, ¿cómo funciona tu truco? ¿Por doce horas después del beso la
persona hace tu voluntad?
IGNACIO:
Todo lo que yo le diga. Le guste o no.
DAMIEN:
Y esa habilidad, supongamos, ¿no la podrías transmitir por medio de un
transfusión de sangre?
IRUPE:
¡Damien!
Damien
se encoge en hombros.
DAMIEN:
Lo siento, pero es una excelente habilidad. Las cosas que podría hacer con
ello...
IRUPE:
Sé lo que estás pensando y te advierto que sería violación.
DAMIEN:
Pero hasta que se consiga legislar las habilidades mágicas, no habría forma de
meterme preso si lo hago bien.
IRUPE:
Eso es cierto. (a Ignacio) A mí también me serviría ese poder. ¿No crees que
puedas pasárnoslo?
En
ese momento, detrás de Damien aparece Germán rumbo a infiltrarse en el grupo
del campamento.
Se
miran con Damien y cruzan una mirada gélida.
GERMAN:
Estás vivo.
DAMIEN:
Veo que también tú.
Se
quedan en silencio.
A
un metro de ellos, Celina comienza a llorar.
CELINA:
¡Detesto que ya no se hablen! ¡Me parten el corazón!
Germán
no dice nada más y continúa su rumbo.
FABIAN
El
único sitio donde se le ocurrió que podría encontrar a Margaret era en su
cuarto. Llama a la puerta y Melissa, a medio arreglar, lo atiende.
MELISSA:
Oh, eres tú.
FABIAN:
Pareces desilusionada.
MELISSA:
Cariño, yo siempre estoy desilusionada.
FABIAN:
Busco a Mar... A Valeria.
MELISSA:
Debe estar por venir. Pasa a esperar si quieres.
FABIAN:
¿No se están cambiando?
MELISSA:
Estamos cambiadas. Sólo nos estamos maquillando. Si las arpías van a venir a
matarnos, al menos tenemos que lucir sensuales.
Fabián
no pudo rebatir esa lógica e ingresó.
Se
sienta en una silla cerca de la puerta, mientras Luna y Melissa continuaban con
una charla. Melissa se maquilla en su cama con un espejo pequeño mientras que
Luna está alisándose el cabello en el baño pero con la puerta abierta.
Afuera,
el murmullo de los invitados para el evento era notorio.
LUNA:
Bueno, decía que en virtud que yo logré que Luz viniera con Julio y tú lograste
que Giovanni y Valeria salieran juntos, debemos declarar a nuestra competencia
como un empate.
MELISSA:
Técnicamente vamos 2 a 1.
Luna
deja el alisador en el baño y sale totalmente alterada.
LUNA:
¡¿Qué?! ¿De qué hablas?
MELISSA:
Bueno, le dije a Lucas que sea mi pareja. Así que armé dos parejas.
Luna,
tras unos segundos de procesar la información, tiene un ataque de ira.
LUNA:
¡Eso es injusto! ¡Hiciste trampa! No se suponía que teníamos ir nosotras de
pareja.
MELISSA:
En ningún momento establecimos que no podríamos.
LUNA:
¡Pero se suponía que las parejas las hicimos con un interés romántico!
Melissa
deja su maquillaje en la cama y mira a Luna con grandes signos de superioridad.
MELISSA:
Tampoco hemos establecido eso. Tienes que aceptar la derrota con dignidad.
Luna
le arroja el alisador directamente a la cabeza.
Como
estaba enchufado, quedó a medio camino, sino Melissa tendría una hermosa marca
roja en la frente que ni todo el maquillaje del mundo le hubiera permitido
cubrirla.
MELISSA:
¡Oye! Esto no es aceptar la derrota con dignidad.
La
puerta de la habitación se abre e ingresa Valeria. Mira la escena, sabiendo que
interrumpe un clima de tensión.
VALERIA:
¿Qué sucede?
LUNA:
¡Melissa es una tramposa! Cambió las reglas de la competencia a su conveniencia
para ganar.
VALERIA:
¿Qué competencia?
MELISSA:
Ninguna
LUNA:
La de buscarles pareja para esta noche.
VALERIA:
¿Qué? ¿Significa que Giovanni y yo tenemos una cita porque ustedes dos estaban
aburridas e hicieron una apuesta?
MELISSA:
No tengo idea de qué está hablando esta mujer, Valeria.
VALERIA:
¡Estoy indignada!
LUNA:
¡Unas mujeres murciélagos vienen a atacar el campamento por tu brote de locura!
¡No eres precisamente una defensora de la moral y las buenas costumbres!
VALERIA:
¡Claro que sí! ¡Siempre lo soy!
LUNA:
¡Esta competencia es una farsa! ¡Una farsa!
Y
a punto de romper a llorar, sale corriendo de la habitación envuelta en llanto
y lágrimas, con el pelo a medio alisar.
Fabián
no tuvo tiempo de reaccionar y detenerla.
FABIAN:
¡Espera!
Luna
quedó paralizada por una milésima de segundos.
La
vio. Fabián también.
El
berrinche de Luna quedó en segundo lugar y sólo dio paso a un grito de terror
cuando la arpía la tomó de la cintura y la despegó del piso.
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