miércoles, 9 de enero de 2019

Chapter 60


VIRGINIA

Su audiencia está compuesta por Germán, Fabián, Celina, Irupé y el hijo de Edgar, Ignacio.
Lo que acaba de decir es que tiene la sospecha de que no es real.

CELINA: Virginia, claro que eres real. Estás un poco loca, es cierto, pero eres real.
VIRGINIA: No me estoy sintiendo así. Desde mi encuentro con Margaret que noto que algo cambió. Es como si al no reconocerme, me hubiera ursurpando la identidad.
FABIAN: Tienes que calmarte. Sabes que todo lo que podamos hacer con ellos en el pasado, no tiene influencia en nuestro presente. Sólo estás conmocionada por volver a verla.

Irupé lanza un murmullo, característico de cuando está a punto de decir algo que causará sensación en el grupo.

IRUPE: Técnicamente no es como dices, Fabián. Hay personas a las que le puede afectar lo que hacemos en el pasado.
FABIAN: No. Es imposible. Estos chicos actúan como si nuestra intervención no existiera. Sólo repiten el guión una y otra vez.
IRUPE: Los simples mortales, seguramente. Pero las personas relacionadas a lo sobrenatural, pueden modificarse mediante estas intervenciones.

Virginia siente un escalofrío.

GERMAN: ¿Eso quiere decir que Helen es sobrenatural? Ella me dijo que recuerda cada una de las veces en que alguien viaja al pasado para averiguar qué sucedió en el Campamento.
IRUPE: No tengo idea de quién rayos es Helen, pero si lo recuerda, entonces tiene alguna relación con lo sobrenatural.
VIRGINIA: Esto es peor de lo que imaginaba.
CELINA: ¿Porque Edgar puede literalmente estar muerto en ambos tiempos?
VIRGINIA: No, a nadie le importa Edgar, Celina.
IGNACIO: Doy fe.
VIRGINIA: Significa que si mi hermana recuerda que intervine en su pasado, puede estar haciendo algo en mi contra en el presente.
CELINA: ¿Por eso te estás comportando como una loca?

Virginia la lapida con la mirada.
Celina se encoge en hombros.

CELINA: Por el amor de Dios, ¡si es cierto!

MOMENTO MUSICAL

Germán, Fabián, Celina, Irupé e Ignacio, le cantan esta canción a Virginia, mientras ella pasea por el predio del campamento.




GERMAN:
El mundo fue
sólo de los dos y para los dos.
Su hogar
unas nubes tendidas al sol.
FABIAN:
En sus miradas amor,
en sus respuestas sí
y para su dolor un sólo fin.

IRUPE:
Él se fue,
los cabellos pintados de gris.
CELINA:
Ella dejó de cuidar
las flores del jardín
y le decía "ven...
IGNACIO:
"Tenemos que vivir".

TODOS:
Y los muchachos del barrio
le llamaban loca
y unos hombres vestidos
de blanco le dijeron ven.
CELINA:
Y ella gritó...
VIRGINIA:
No, señor, ya lo ve,
yo no estoy loca.
Estuve loca ayer
pero fue por amor.
TODOS:
¡Y los muchachos del barrio
le llamaban loca!

IGNACIO:
En el hospital
en un banco al sol
se la puede ver...
IRUPE:
Sonreír
consultando su viejo reloj
pensando que ha de venir
aquel que se marchó
y se llevó con él
su corazón.

TODOS:
Y los muchachos del barrio
le llamaban loca
y unos hombres vestidos
de blanco le dijeron ven.
CELINA:
Y ella gritó...
VIRGINIA:
No, señor, ya lo ven,
yo no estoy loca.
Estuve loca ayer
pero fue por amor.

TODOS:
No vendrá.
Él la espera en sus nubes al sol.
En ese mundo que
tan solo fueron dos.
En ese mundo que...
VIRGINIA:
Triunfó el amor.

TODOS:
¡Y los muchachos del barrio
le llamaban loca!

FABRICIO

En términos coloquiales, Jaime y él estaban preñados.
¿Qué diablos significaba eso?
Miró a Jaime, confiando en que él tendría una explicación razonable a lo que estaba pasando, pero el marido de Irupé simplemente se limitó a negar con la cabeza.
La Viuda se había marchado a traer al hombre que gritaba.

FABRICIO: ¿Estamos embarazados? No sabía que los hombres nos podíamos embarazar. ¿Seguimos siendo hombres, no?

Fabricio mira su miembro. Suspira aliviado.

FABRICIO: Sí, seguimos siéndolo.
JAIME: No podemos embarazarnos.
FABRICIO: Entonces creo que está equivocada. Además, ¿por dónde tendríamos a un hijo? El conducto del pene no es como una vagina. Si tiene que salir un hijo nuestro por aquí, será una tortura.
JAIME: ¿Que el hombre esté gritando desde hace una hora no te da un indicio de que tal vez está siendo torturado?
FABRICIO: No lo había pensado de esa manera.

La puerta del galpón se vuelve a abrir.
Viuda, seguida por dos mujeres más igual de desnudas que ella, ingresan una camilla en donde un hombre gordo a reventar está desnudo y maniatado.
Grita fuera de sí. Quizá ni siquiera es consciente de lo que está padeciendo.

FABRICIO: ¿Qué diablos...?

La Viuda lo coloca frente a la jaula de ambos y los mira otra vez.

VIUDA: Señores, van a ser testigos de la experiencia más hermosa del mundo. Van a ver a un hombre parir a uno de mis hijos.

DAMIEN

Damien va en la camioneta de Rafael, el barman que lo rescató.
A la luz del día, se comienza a sentir mejor y nota que su cuerpo empieza a perder transparencia.

DAMIEN: Creo que está funcionando.

Rafael conduce sin decir palabra.

DAMIEN: Gracias por rescatarme, creo.
RAFAEL: Ustedes son importantes. Y tendrán enemigos mayores que un simple fantasma vengativo y adicto al sexo.
DAMIEN: Yo te repito que no lo estaba considerando un enemigo.

Rafael sonríe.
Un mecanismo de defensa se desactiva.

RAFAEL: Éramos unos niños, ¿sabes? Le temíamos a lo diferente.
DAMIEN: ¿Nathan era diferente?
RAFAEL: Uno de los chicos, el creador de este plan, lo vio tener sexo con otro hombre. Nos motivó a todos que lo castiguemos porque lo que hacía estaba mal. Así que una noche, simplemente nos acercamos a él y lo invitamos a un par de cervezas. Cuando estuvo bastante entonado, lo golpeamos en la cabeza y lo tiramos en la fosa.
DAMIEN: ¿Ustedes cavaron esa fosa?
RAFAEL: No, ya existía. Ni siquiera sospechábamos que era una cueva mágica que lograba que todos los que murieran allí pudieran convertirse en fantasmas.
DAMIEN: Supongo que habrá sido un susto para tu grupo.
RAFAEL: Decir que fue un susto, fue quedarse poco. Nathan realmente es un experto en aterrorizar. Ser un fantasma despertó en él una veta muy diabólica. Se vengó hasta el punto que uno de los chicos terminó suicidándose. Y el que organizó todo en su contra, se convirtió en un fantasma que, para completar, tiene sexo con Nathan cada vez que él lo desea.
DAMIEN: Una tortura por la eternidad. Es un genio.
RAFAEL: Yo supliqué por mi vida durante mucho tiempo y he logrado ganarme su perdón. Con el tiempo, hasta podríamos decir que nos hicimos amigos.
DAMIEN: Porque le cedes tu bar para que él consiga nuevos hombres.

Rafael se encoge de hombros, como si eso fuera lo que menos le perturba de la historia.

DAMIEN: Lo único que no entiendo de tu historia es por qué aceptaron su destino tan pasivamente.
RAFAEL: ¿A qué te refieres?
DAMIEN: Un fantasma vuelve de la muerte para llevárselos. ¿Cómo es que no hicieron algo al respecto? Por lo que poco que sé de este pueblo, todo el mundo sabe sobre estas cosas.
RAFAEL: Bueno, hay uno de nuestro grupo que tenía a su vez su grupo de amigos nerd. Él estaba en plena investigación para atacar a Nathan y conseguir eliminarlo antes que nos elimine al resto. De hecho, consiguió investigar mucho y tuvo algunas experiencias como nigromante que consiguieron que Nathan lo deje en paz.
DAMIEN: Pero no los ayudó a ustedes.

Rafael sonríe a secas.

RAFAEL: Supongo que para esa altura, ya no éramos tan amigos.

El coche de Rafael estaciona frente a la casa de Theo Costa.
Desde la vereda, Damien nota que algo anda mal en el interior.

DAMIEN: Ha sucedido algo aquí.

Sin esperar ninguna reacción de Rafael, Damien desciende del auto e ingresa a la casa.

JOSEPH

Hace tiempo que dejaron atrás la ruta de asfalto y ahora se mueven por un tormentoso camino de tierra.
Doblan a la derecha antes de entrar al pueblo.

JOSEPH: ¿El campamento quedaba fuera del pueblo?
BRUNO: En un predio a unos 20 kilómetros de aquí. Todavía nos faltan unos minutos para llegar.

Joseph asiente.
Nota que Bruno no evita echarle una mirada a las afueras de su pueblo natal.

JOSEPH: ¿Volviste alguna vez?
BRUNO: ¿A Bahía Ausente? En contadas ocasiones. ¿Al campamento? Jamás.

Joseph asiente.
Nunca será buen momento para preguntar lo que desea, así que prefiere quitárselo de encima.
Apoya, como si fuera algo que no amerite mucho interés, su mirada en la ventana.

JOSEPH: Y tras tu pérdida en el campamento... ¿Volviste a empezar?

Bruno demora en responder.
Bruno siempre demora en responder.

BRUNO: Tuve amores de una noche, pero más bien me volví un ermitaño. ¿Qué hay de ti?

La pregunta lo toma por sorpresa.

JOSEPH: Mi historia es patética.
BRUNO: No creo.
JOSEPH: Estuve enamorado por años de mi compañero de trabajo. Incluso me designó como padrino de su boda. No se casó. Tuvimos sexo al final pero al día siguiente se mudó a trabajar en otra ciudad.
BRUNO: Al menos se cumplió tu deseo.
JOSEPH: Hay deseos que no deben cumplirse. La sensación después fue peor. Sentí que perdí un amigo.
BRUNO: Los deseos pueden cumplirse pero tienen un costo.

Joseph se tira sobre el respaldo.

JOSEPH: Sigo viéndola como una historia patética.

Bruno lo mira. Sonríe.

BRUNO: Es un poco patética.

DAMIEN

El desastre dentro de la casa de Theo es palpable.
No se da cuenta, hasta después de un minuto, que Rafael también lo siguió hacia el interior e inspecciona la casa.
Se queda prendido de la fotografía de los cuatro amigos.

RAFAEL: Es él.

Señala a alguien en la fotografía.
Damien se dirige hacia Rafael y mira al que reconoció.

DAMIEN: Es Cóndor. Lo conocimos. ¿Qué es él?
RAFAEL: Es el nigromante. Quiso estudiar ese arte para poder atacar a Nathan, cuando quería hacernos morir.
DAMIEN: Vaya.
RAFAEL: Pudo tener relación con lo que pasó aquí. No es una persona de confianza.
DAMIEN: No creo que sea Cóndor lo que sucedió aquí. Tengo que irme al Campamento. Mis amigos siguen allí. Al menos, eso espero.

Rafael cambia la mirada de odio que le despierta la foto por una más relajada cuando la vuelve a dejar en la repisa.

RAFAEL: ¿Quieres que te lleve?
DAMIEN: No. Iré en el auto de mi amigo. Después de darme un baño. Estar bajo tierra me ha ensuciado un poco. Muchas gracias por todo lo que hiciste por mí. Salvarme la vida y eso.
RAFAEL: Ustedes son importantes, Damien. Por si nadie se los dijo, van a salvar el mundo.

Damien asiente.
Tiene en sus manos la llave del auto de Fernando.

DAMIEN: No. Nadie nos dijo nada.

JOSEPH

Se pone nervioso al reconocer los automóviles que están en la entrada de lo que fue el campamento.

JOSEPH: Es el auto de Virginia y aquel es el de Ignacio.
BRUNO: Si están por aquí, no me explico dónde. Este sitio está abandonado...

Joseph mira a Bruno tras su interrupción.

BRUNO: No estamos solos.
JOSEPH: En este ámbito, no es algo que puede ser bueno.

Bruno mira por su espejo retrovisor y luego se gira la espalda al completo para mirar por el vidrio del auto.
Joseph intenta evitar no sentirse impresionado por sus músculos.

BRUNO: Un auto está viniendo por la carretera.
JOSEPH: Tal vez sólo sea alguien que va camino hacia otro lado.
BRUNO: ¿Justo hoy? Nunca fue una carretera muy habitada. Dudo que en tres años esa suerte haya cambiado.

Bruno se inclina hacia la gaveta de la camioneta.
En el momento que lo hace, apoya su brazo en la pierna de Joseph.
Éste, siente una especie de electricidad instantánea.
La emoción se le quita al ver que Bruno saca dos armas de la gaveta. Le da una a Joseph.

JOSEPH: ¿Tienes permiso para usar esto?
BRUNO: No. Puedes detenerme después.
JOSEPH: Voy a usar esposas.

Bruno sonríe.

BRUNO: Bueno, espero que así sea.

El muchacho desciende y Joseph hace lo propio del otro lado.
¿Acaso fue una insinuación?
El auto que venía por la ruta se hace cada vez más visible.
Estaciona cerca de ellos.
Bruno, después de todo, tenía razón. No era casualidad.
Cuando el conductor desciende, siente alivio.

JOSEPH: ¡Damien!

FABRICIO

Debía ser un error.
No había forma de que aquello pudiera estar sucediendo ni con toda la magia del mundo.
Había algo que se movía en la panza del hombre. Algo que quería salir. Algo que lo hacía gritar.

VIUDA: ¡Qué emoción! ¡Ya está por nacer!

Mira a los dos prisioneros esperando que compartan su felicidad, pero claramente Jaime y Fabricio estaban lejos de apreciar el milagro de la vida.
Entonces sucede.
Los gritos del hombre se incrementan, pero aun así Fabricio es capaz de escucharlo.
Es un sonido similar a la de un vestido rompiéndose, costura por costura.
Excepto que no es un vestido. Es el estómago de aquel pobre infeliz el que se está rompiendo.
Una criatura está saliendo de él como si el abdomen del hombre en realidad fuera un cascarón.
Un charco de sangre inunda el lugar y una criatura, cubierta de pelos negros sale al exterior.
Fabricio rompe a llorar.
Quiere pero no puede apartar la mirada de aquel espectáculo espantoso.
La viuda saca a la criatura y lo coloca en sus brazos como si fuera un niño recién nacido. Excepto que esa cosa ni siquiera es humana.

VIUDA: ¡Oh, mi bebé, mi bebé!

El hombre está muerto en la camilla.
Las dos mujeres que entraron con la Viuda se lo llevan sin decir nada.

VIUDA: No tienen una idea de lo feliz que soy. Y de lo feliz que ustedes me harán.

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